Una entrevista poco habitual

Llegué hace 3 meses escasos de mi viaje a Ecuador. Todo me encandiló, su cultura, su gastronomía y sobre todo su gente. Venía a todo el mundo, con ropajes humildes y una vida raramente lujosa.

Ayudé a quién pude y con todo el dinero que estaba en mi mano, pero se me fue en demasía. A mi regreso de España quise recuperar todo lo que invertí en el país sur americano pero me resultó imposible.

Pedí consejo a una conocida, puesto que no podía pedirle ni a mi familia ni amigos un céntimo más por culpa de mis anteriores derroches de dinero. Eliana, que es así como se llamaba, me propuso tener una entrevista con un colaborador suyo. De inmediato acepté, pero nunca imaginé lo que me esperaba.

Llegué a una pequeña casita, un tanto extraña, pero acogedora. Entré y ví a dos chicas fornicando encima de una tarima, no le di más importancia puesto que aquello no era hecho que me escandalizara, pero sí que me hizo algo que pensar, estaba en una casa de citas. Aunque aquello no era santo de mi devoción, necesitaba la pasta para poder vivir.

Entre y conocí a un hombre misterioso, pero a la vez atractivo, con un gran porte y una mirada penetrante, con labios perfilados y un pequeño corte en la ceja izquierda. Fue verlo y me puse como una moto, no entendía por qué, pero había algo que me atrapó en sus redes.

Eliana nos dejó solos y comenzamos a charlar, sobre trabajo (aunque poco me dijo), nuestras vidas y nuestras metas. Cada vez se acerba más y yo me dejaba, hasta tal punto que el me besó, me agarró y me empotró contra la mesa de su despacho.

¿Qué pasaba? ¿Esto no era una entrevista de trabajo? ¿Qué hago con este tío? No entendía nada, pero mi naturaleza libe y desenfrenada me llevó al más puro placer. Me encantaba como me comía de arriba abajo, de izquierda a derecha y como utilizaba todas las partes de su cuerpo para hacerme gemir.

Estuvimos como 2 horas de sexo sin control y de desenfreno, el magnate del amor y el placer y yo una loca libertina y salvaje, vimos que nos compenetrábamos a la perfección y nunca mejor dicho.

En una de nuestras pausas, pudimos cruzar palabra:

– ¿Esto es un casting para puta? – le pregunté directamente

– Depende de lo que tú quieras – me respondió él

– Yo tan solo te quiero a ti, te quiero como amante, como mi follador – le contesté

– Siempre y cuando seas como hoy – me respondió.

Seguimos un rato más como si dos conejos nos tratásemos hasta que acabe corriéndome en su cara, su boca, su nariz, sus cejas y su boca penetrante que con tan solo mirarla hacía que me volviera a correr una vez más.

Una vez ya fatigados, pudimos hablar tranquilamente, libre de toda lujuría. El me comentó que en un principio me quería conocer, puesto que Eliana le había hablado a veces de mí y sabía que necesitaba dinero, pero… os lo creáis o no, fue un flechazo sexual. Las tornas cambiaron y tan solo me quería para él.

Be First to Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *