Acababa de llegar a la ciudad y no conocía a nadie. Me había mudado de Formentera a Valencia para estudiar Empresariales. Había alquilado una habitación en un piso de estudiantes, pero mis compañeros todavía no se habían mudado. A pesar de que ahora empezaba la universidad, yo tenía 25 años, y un buen colchón de ahorros con los que pensaba disfrutar de la ciudad.

A eso de las siete de la tarde ya no se me ocurría que más hacer, así que bajé a la calle a descubrir más del barrio que a partir de ahora iba a ser mi nuevo hogar.

Sobre la hora de la cena ya no sabía por dónde más pasear. Todo lo que me cruzaba eran parejas o grupos de amigos que salían a pasarlo bien, y a mí me empezaba a quemar estar tan sólo.

De vuelta al piso pasé por un local de escorts y, debió ser su cartel luminoso, porque algo en mi mente se despertó y me decía que esa debía ser mi solución. Entré algo nervioso, no sabía qué ambiente iba a encontrarme ahí. Parecía un bar de copas, pero con más sofás y unas chicas que pedían sexo con su mirada.

Una chica morena que me recordaba a una cantante vino a darme la bienvenida, me cogió de la mano y me indicó que me sentara. A continuación tres chicas empezaron a contonearse delante de mí. No sabía si eso era algo general o si debía escoger a una de ellas. Me lancé a hablar con una pelirroja que parecía un poco atrevida.

Pedimos unas copas y estuvimos charlando un rato en la barra. Después me guió hasta una habitación y nos empezamos a desnudar el uno al otro. Me preguntó si quería algo especial. Mi mente es muy fantasiosa pero no necesito más que un cuerpo para disfrutar del sexo.

La noche fue para no olvidar. Empezamos en la cama con un masaje sensual, y terminamos con una ducha erótica. La mejor bienvenida que me podía dar Valencia.…

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