Todos los fines de semana, desde mi separación, subía la chalet de mis padres, era el único lugar en el que me encontraba a gusto. El segundo sábado del mes de agosto, mi hermano invitó a su amigo Eduardo a la piscina.

Conocía a Eduardo porque era amigo de mi hermano, había sido uno de mis primeros amores no confesados. Hacía mucho tiempo que no lo veía, pues se había ido del pueblo para estudiar y ya no había regresado, bueno, venía una o dos veces al año, a visitar a sus padres.

Eduardo llegó cerca del mediodía, con su cámara a cuestas. Eduardo era muy aficionado a la fotografía, ganaba todos los concursos de fotografía que se organizaban en el colegio. Mis padres querían mucho a Eduardo y lo recibieron como a un hijo, Eduardo nos saludó a todos y conmigo estuvo muy cariñoso.
– Estoy enterado por tu hermano de tu separación. No te preocupes, el tiempo todo lo cura. – me dijo.

El resto de la mañana lo pasamos en la piscina, recordando anécdotas del colegio. Era la primera vez que me reía en mucho tiempo. Eduardo seguía siendo muy gracioso. Entre anécdota y anécdota, Eduardo hacía fotos, cuando me hizo la primera foto, le dije que no me hiciese fotos porque estaba horrible, pero él supo convencerme con su gracia habitual y en las siguientes fotos no me quejé.
Después de la comida, mis padres se acostaron, Eduardo y mi hermano se quedaron charlando en la mesa y yo regresé a la piscina. Media hora después apareció Eduardo, yo estaba entre sentada y tumbada en la hamaca, leyendo un libro y al ver a Eduardo le pregunté por mi hermano y me dijo que se había quedado en el salón, estudiando unos papeles. Comenzamos a charlar y Eduardo me hacía fotos de vez en cuando y me enseñaba a posar:
– Tienes que mirar a la cámara, como si fuese el hombre al que quieres enamorar. – me dijo.

Hablamos de fotografía y Eduardo me dijo que le gustaba hacer desnudos pero que era difícil encontrar modelos, en la mayoría de veces fotografia a escorts en valencia , ellas son mujeres más maduras que conocen bien como complacer a una camara.
– Me gustaría hacerte unas fotos. – me dijo.
– ¿Desnuda? – le pregunté sorprendida.
– Si. – respondió él.
– Ya no tengo edad para eso. – le dije.
– Tienes la mejor edad para los desnudos. Las jovencitas pecan de timidez o de exceso de seguridad. Los desnudos tienen que transmitir deseo sexual, las jovencitas no tienen mucha experiencia en el sexo y no saben mostrar deseo sexual. – dijo Eduardo.

– Voy a darme un chapuzón. – le dije a Eduardo.
– Te haré unas fotos en la piscina. – dijo Eduardo.
Me levanté y caminé hacia la piscina, sentí la mirada de Eduardo en mi culo y me sentí bien. Oí varias veces el ruido de la cámara y me lancé al agua, nadé durante unos minutos y Eduardo seguía haciendo fotos, me acerqué al borde de la piscina, Eduardo también se acercó, mirándome a través de la cámara, me apoyé en el borde, pues necesitaba descansar, Eduardo me
hizo una foto, le saqué la lengua, y Eduardo me hizo otra foto.
– Muy bien. – me dijo y retiró la cámara de la cara y me dijo:
– Quítate el sujetador. – me dijo. Estaba sorprendida, me apetecía hacerle aquel regalo a Eduardo porque me había hecho olvidar mis problemas, pero temía que me viesen mis padres o mi hermano. Miré hacia la casa.
– Estamos solos. – me dijo Eduardo, entonces desabroché el sujetador, lo retiré y miré a la cámara con descaro, Eduardo disparó la cámara varias veces. Me puse el sujetador y mientras lo hacía, mis ojos se fijaron en el paquete de Eduardo, que tenía una …

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