Noche valenciana entre rubias

Era una noche de viernes y no tenía plan para salir, pero la semana había sido muy estresante y necesitaba una distracción para desconectar y dar la bienvenida al fin de semana.

Sabía que la zona del centro de Valencia era la mejor para salir por la noche si no se tenía un plan fijo, así que me aventuré a pasear por los alrededores del Estadio de Fútbol Mestalla. Entré en un bar y me puse en la barra a tomarme una cerveza. No había mucho más que hacer y me pareció que observar al gentío podía ayudarme a desconectar de mis pensamientos y preocupaciones.

Cuando iba por la mitad de la cerveza paré en una conversación que dos hombres estaban teniendo. Hablaban del excelente servicio que prestaban las chicas de un club cercano. Felina Valencia se llamaba. Yo nunca había acudido a putas en Valencia y la curiosidad me pudo.

 

Salí del bar y empecé a dar vueltas por las calles de los alrededores hasta que llegué a su cartel. Algo me decía que iba a ser un buen viernes. Entré y me recibieron unas chicas en corsé que me hicieron empezar a fantasear. Entonces me vino a la mente una práctica sexual que hace unos meses vi en una película porno que me puse una noche aburrida.

Una de las chicas, una rubita de unos veinte años me vino a hablar y le solicité si podía tener un servicio doble, dos chicas para mí, quería practicar sexo en dúplex.

Dos rubias de piel morena me llevaron hasta una habitación granate y con espejos en todas las paredes, incluso en el techo. Les dije a las chicas que quería hacer sexo en dúplex y entonces una de ellas se agachó para empezar a desabrocharme el pantalón mientras la otra se contoneaba cuando se quitaba la ropa.

 

La primera rubia me empezó a hacer una paja mientras la otra me iba besando y mordiendo el labio. Yo iba tocándole los pechos a la que tenía más cerca, y poco a poco notaba cómo mi pene se iba poniendo más y más duro. Cuando ya tenía una erección completa la rubita que estaba en mi cintura me empezó a hacer un francés. Entonces cogí de la cintura a la otra chica, que hasta ese momento me había estado besando, y le empecé a lamer el coño mientras le iba metiendo un dedo.

La oía gemir mientras iba pensando qué más quería hacer. Le dije a la que me estaba lamiendo la polla que me la iba a follar y ella abrió sus piernas y me dejó penetrarla mientras ella marcaba el ritmo. Mientras, yo seguía masturbando a la otra chica con una mano.

 

No aguanté mucho más hasta que me corrí. Estaba agotado pero mi vista no podía ser más placentera. Todavía sentada encima de mí estaba la rubia que me acababa de follar, y se la veía exhausta, y a mi derecha tenía otra chica que había dejado en mi mano la prueba de que había gozado de una forma salvaje mientras podía ver en su figura cómo respiraba profundamente tras un buen rato de jadeos.

Había entrado a Felina Valencia a eso de las diez de la noche con una mezcla de dudas, y estaba saliendo a media noche generosamente satisfecho y con la mejor de las sonrisas que una noche de sexo sin medida te pueda ofrecer.

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